lunes, 27 de octubre de 2014

Podemos, la Asamblea Ciudadana y la democracia: triángulo de amor bizarro.

  Para Kant, la revolución francesa representaba la llegada del hombre a la mayoría de edad, asumiendo su papel y responsabilidad frente a las tutelas representativas. En las votaciones de la Asamblea Ciudadana de Podemos, se han medido minoría y mayoría de edad, despotismo ilustrado contra democracia: los que creen que se debe gobernar para el pueblo, contra los que piensan que debe gobernar el pueblo.

  Iglesias es probablemente el mejor político que ha visto este país en muchos años. Maneja con maestría un discurso emocionante y esperanzador, se muestra brillante en el cara a cara. El otro bando apenas sí se deja ver, trata de explicar como buenamente puede, sin alardes retóricos ni fuegos artificiales, una propuesta compleja, con luces y sombras, pero emancipadora al fin y al cabo. De modo que nos ha entrado pánico figurarnos aquello de que “la historia es nuestra y la hacen los pueblos”, que dijo Allende, y hemos preferido delegar en liderazgos carismáticos.

  Todos sabemos que España carece de educación democrática. La mayoría entiende el activismo en su concepción franquista, es decir, como “ganas de meterse en problemas”, y no como el deber de todo ciudadano. Si cometes la imprudencia de hablar de democracia directa, te asaltan con “¿y decidir las cosas entre todos? ¡menudo lío!”, “sí hombre, si nos tiramos el día votando ¿quién va a trabajar?”, y otros argumentos propios de un lactante. Eso acaba con la fe de cualquiera, pero es importante comprender que el analfabetismo político imperante viene provocado por el poder a través de los medios de producción de opinión, como quien roba convenciendo a la víctima de que eso es lo mejor para ella. Y es cierto: así siempre podemos culpar a los políticos, eludir responsabilidades y seguir votando.

  Pero aunque fue una de las grandes lecciones del 15M, la alienación sigue siendo mayoritaria, y en mi opinión, está detrás de la victoria de “Claro que Podemos”. El partido X, tras su fracaso en las pasadas elecciones europeas, declaró en clara alusión a Iglesias: “ha ganado la tele”. Algo de eso parece que sí hay. Personalmente estoy convencido de la buena intención y capacidad de Iglesias, pero ésa no es la cuestión. El mejor de los representantes no deja de ser un representante, y el sistema representativo no es compatible con la democracia, no lo digo yo, lo advirtió Rousseau desde el principio. Si el poder corrompe, y pienso que sí, seguirle el juego al parlamentarismo llevará a Podemos, antes o después, a ser casta.

  Pero cuidado, que tengo para todos. Gran parte del sector intelectual ha venido luciendo, para variar, ese descreimiento cool que le exime de todo compromiso. También el sector libertario ha abanderado ese escepticismo apriorístico, coherente y hasta lúcido en las formas; e indiscernible del conformismo más zafio a la hora de la verdad. Entiendo y comparto la fobia a los personalismos, precisamente por antidemócratas, pero ampararse en eso para rechazar a Podemos de pleno, identificándolo sin más con la vida y milagros de Iglesias, y sin entrar a estudiar qué es eso de Podemos y cómo se organiza, nos ha privado a todos de saber qué pudo haber sido Podemos y ya no será. La propuesta "Sumando Podemos” nos había acercado como nunca antes en 50 años a la posibilidad real de una formación demócrata y libertaria sólida, y esto no sólo no ha sido gracias a intelectuales, ni a CNT ni CGT, sino que la cómoda indiferencia de todos ellos ha acabado computando como parte del problema, y no de la solución.

  Lo que me planteo ahora, tras la derrota de la vía demócrata es ¿debemos abandonar toda relación con Podemos? No lo sé. No sería justo dar a entender que la propuesta de Iglesias lo equipara por las buenas a la casta. Desde luego, reduce el virus y minimiza los efectos, pero de no erradicarse, el virus encuentra el modo de crecer: es la Historia de la humanidad, ni más ni menos. Pros y contras. Pro: aunque confieso mi poca confianza en el progresismo, lo cierto es que la propuesta de Iglesias deja en pie una organización asamblearia que tal vez pudiera, “progresivamente", ir ganando terreno a la autoridad vertical: conseguir que el poder se imponga de abajo a arriba, y no de arriba a abajo. Contra: la autoridad representativa tenderá siempre a extinguir las expresiones de voluntad popular, por las buenas o por las malas. Esto es lo que hay.

miércoles, 9 de enero de 2013

Carta a una nueva formación política

  Hola. A estas alturas, imagino que habréis escuchado todos los argumentos en contra de la creación de un nuevo partido (que el sistema representativo no puede traer nada bueno, que el poder corrompe, que el progresismo se queda en nada, que aceptar su juego es el primer paso para perderlo…); El sistema representativo, efectivamente, es el problema y el pasado; pese a todo, desde una formación política podrían llevarse a cabo acciones interesantes. Aquí van unas cuantas propuestas, libres de derechos.


  • El descrédito del PPSOE es patente y no hace falta una lista de razones que los convierta en antidemocráticos. Hasta hoy, la ley d’Hont asegura su victoria, pero habría una manera —casi utópica— de utilizarla contra ellos. Imagina que el resto de formaciones políticas deciden unirse para sacar del tablero al PPSOE. La población votaría entre PP, PSOE, y una tercera fuerza que aglutinaría todas las opciones políticas e ideológicas, sin más. Esta tercera fuerza, identificada con el pueblo plural, muy difícilmente no conseguiría un resultado arrollador, ayudados además por la ley d’Hont, que inflaría las cifras exponencialmente. Una vez sacados del panorama al PP y al PSOE, y renovada la ley electoral (es decir, ya sin ley d’Hont y con listas abiertas), unas nuevas elecciones conseguirían una mejora en las condiciones democráticas. En contra: parece muy complicado conseguir ese grado de consenso entre los diferentes partidos, y en el mejor de los casos, seguiríamos dependiendo de un sistema representativo que tiene poco que ver con una democracia real.

  • Una segunda opción es la de la democracia líquida, 2.0 o como se le quiera llamar: un programa, red social o aplicación mediante la cual todos pudiésemos votar y hacer nuestras propias propuestas cada propuesta a tiempo real. El error es creer que va a implantarse sola, o que es necesario derrocar primero el poder actual. No. Poner en marcha desde ya un sistema virtual de democracia, aun cuando no tuviera implicaciones reales en la práctica del poder ejecutivo, conseguiría de un buen número de logros: la voluntad popular real (no manipulada) sería consciente de sí misma y de sus posibilidades. Manejaríamos cifras reales. Pero ¿qué se puede hacer al respecto desde una formación política? Impulsar la democracia líquida y llevarla al congreso. Imagina que en la web de vuestro partido, todo el mundo puede votar, dar su opinión, proponer, etc. El partido político no tendría unas “políticas propias”, sino que se limitaría a apoyar aquello que ha sido aprobado por la mayoría de los votantes. Sería llevar la democracia a los órganos representativos. ¿Durante cuánto tiempo? Llegado el momento, sería obvio que el pueblo no se expresa mediante la suma de formaciones políticas, sino únicamente mediante la de tal formación, de modo que, como ya he dicho alguna vez, se produciría una ruptura, que culminaría en una democracia real. En contra: la inseguridad informática y la complejidad en la organización de un sistema no jerárquico.

  • Una tercera acción interesante desde el partido político (continuadora de la linea del 15M) consiste en alterar el funcionamiento del sistema político actual en municipios pequeños. Grupos itinerantes acudirían de pueblo en pueblo educando a sus habitantes en las prácticas asamblearias con el propósito de que creasen sus propias formaciones (incluso en el seno del mismo partido) para que el pueblo reunido tuviese el poder ejecutivo sin necesidad de representantes. Esto debiera llevar a un entramado asambleario comarcal e intercomarcal… es decir, se organizaría una democracia de abajo a arriba, desde el entorno más concreto a todo el espectro geográfico. En contra: aunque se van dando casos de modelos similares a éste, parece que las grandes ciudades se resisten a esta organización. En ese sentido, las asambleas del 15M han conseguido mucho, y también han planteado muchos cabos sueltos. No creo que sea una opción a descartar, sino a perfeccionar.



Continuará...

miércoles, 26 de septiembre de 2012

25S, algunas consideraciones.

  No voy a hacer mención a la censura y la manipulación informativa. Esto es muy grave, sí, pero no hay excusas: tenemos google, youtube, facebook, podemos acceder a la prensa internacional (libre de censura, o al menos, de la española). Yo mismo no tengo problema en facilitar un manojo de links (por ejemplo http://www.huffingtonpost.es/2012/09/26/de-la-hippie-a-los-infilt_n_1915220.html?utm_hp_ref=mostpopular ). Y aunque la policía se encargó de romper y requisar todas las cámaras que pudieron para eliminar pruebas, todavía algunos medios independientes y hasta los mismos manifestantes grabaron lo que pudieron. Lo que quiero decir es que, quien a estas alturas siga engañado, es porque quiere. No voy a perder el tiempo con réplicas absurdas. La primera responsabilidad de cada uno es la de saber dónde estamos y qué está pasando. Desde ahí, quien quiera creer lo que dice la televisión, lo hace por su cuenta y riesgo.

  Ayer estuve en Madrid, y vi ante mis ojos cómo terminaba de descorrerse el poco maquillaje democrático que quedaba en España. Como sabéis, ayer 25S hubo, efectivamente, un golpe de estado; entraron en el congreso. Iban en coche oficial. Mientras la manifestación fue legal, la policía se abrió a palos indiscriminadamente; a partir de las 21:00 -con puntualidad rigurosa- pasaron a los disparos (ahora alguien dice: “¡no, pero son balas de goma!” y yo contesto: esas balas de goma mataron a un chaval hace unos meses en Bilbao, cortesía de la delegada de gobierno).

  Ya sabéis lo de los infiltrados, que actuaban/actúan como manifestantes violentos para provocar las cargas policiales y deslegitimar la protesta. Pues no sabéis nada, no habéis visto nada. Lo que ocurrió ayer/lo que está ocurriendo hoy es otra cosa. No estuve el 23F y no puedo comparar, pero puedo deciros que he pasado más miedo que en mi puta vida. Porque ayer le vimos la cara y los dientes al poder. La policía tomó literalmente Madrid, yo no sé cuántas lecheras pude ver. Cargaron porque sí, entre risas, como deporte, contra TODO, absolutamente TODO el que vieron. Nos provocaron a conciencia, nos insultaron, nos humillaron, detuvieron al que le dio la gana, cabezas abiertas, mujeres, jóvenes, personas mayores. Uno de los agredidos ha quedado parapléjico; el gobierno ha felicitado públicamente la brillante actuación policial.

  Pero lo que quiero decir no es que el pueblo español no tiene el poder que una democracia exige; ni tampoco que no tenemos derecho de expresión ni reunión; de hecho, ni siquiera quiero decir que vivimos en un estado policial que infringe impunemente nuestros derechos humanos más elementales. No quiero decir todo eso, porque todo eso ya lo sabemos. Quiero decir un par de cosas: en primer lugar, que nunca me he sentido más orgulloso de mi pueblo.

  No me gustan las banderas, y estoy muy lejos de ser de los que dicen Viva España mientras se tumban en el sofá a ver cómo su querido país es conducido al pleistoceno por un atajo de ladrones. Incluso, en varias ocasiones me he preguntado si valía la pena luchar por la dignidad de tanto imbécil adicto al fútbol. Lo que vi ayer lo cambia todo. Ayer vi un millón de personas (rtveconomía habla de 6.000; se ve que sólo contaron a los agentes infiltrados) con las manos levantadas, diciendo “éstas son nuestras armas” como única respuesta a las agresiones de los antidisturbios. Ayer vi a cientos de estos animales con casco corriendo porra en mano a por manifestantes que no retrocedieron ante el sonido de los disparos, mientras gritaban “no tenemos miedo, no tenemos miedo”. Ayer me dijo una madre “estoy aquí por mis hijos”.

  Pero todavía tengo una reflexión que hacerle a ese grupo terrorista llamado Gobierno de España: Señores, sólo un apunte: ¿qué habéis conseguido con este tipo de acciones? Yo os lo digo: que millones de personas en este país, y sobre todo y más importante, una gran parte de la juventud (es decir: el futuro) abra los ojos y haya podido comprobar lo que hasta ahora quedaba al alcance de unos pocos intelectuales y librepensadores, como por ejemplo
  • que el Estado no protege al ciudadano: lo utiliza.
  • que los medios de comunicación son herramientas de manipulación de la opinión al servicio del poder.
  • que las fuerzas “de seguridad” no protegen ni sirven: vigilan y atemorizan para producir sumisión ciudadana.
  • que el capitalismo es bárbaro, inhumano y que, de no pararlo, se nos llevará por delante.


Ya podéis emplearos a fondo, Señores, porque habéis creado un futuro de mentes despiertas, que desde muy jóvenes están aprendiendo a luchar por sus valores poniendo en riesgo sus vidas; que han conocido -tan pronto y de primera mano- el terrorismo de estado, las mentiras de los medios, las injusticias sociales. Ya podéis emplearos a fondo, porque vosotros solitos habéis fabricado la mecha, y vosotros solitos la habéis encendido. Las bombas estallan, sólo conseguís que la explosión coja carrerilla.


Carta abierta a las formaciones políticas



A todas las formaciones políticas que estén en condiciones de escuchar al pueblo:
Soy un manifestante del 25S. Después de las reacciones de los medios (vamos a contar mentiras, tralará), quisiera que tu partido considerase lo siguiente: el congreso, y sus representantes, se ha convertido en el opresor del pueblo, y no en su voz, que está en la calle. Seguro que tu grupo es contrario a las mentiras del PPSOE, pero (esto es lo importante), acude al congreso y participa de él: es decir, de manera involuntaria, alimenta a la bestia. Es hora de considerar que no hay opciones reales de convertir el congreso/parlamento en la expresión de la voluntad popular.

Por eso quiero proponeros que hagáis pública vuestra renuncia a seguir participando de esta trampa, y abandonéis el congreso como medida de apoyo a una democracia real (es decir: no como renuncia a vuestra labor representativa, sino precisamente como única manera de llevarla a cabo). No hace falta hablar de la revolución francesa, de los representantes del pueblo abandonando los Estados Generales para formar su propia Asamblea Constituyente, etc; ni hace falta decir que la fuerza simbólica y real de un rechazo al ejercicio parlamentario, tendría consecuencias visibles. Tal vez no se consiga el apoyo en bloque de los grupos parlamentarios, pero quizá sí el de algunos escaños particulares. Sólo pido que consideréis esta opción, que a mi juicio es la correcta si realmente estáis del lado del pueblo. Muchas gracias.

domingo, 12 de febrero de 2012

13 de Febrero de 2012


A Fulano de Tal, en el 13 de Febrero del 2012. Remitente: Inopia.

Querido Fulanito: he leído tu carta con emoción, he sentido contigo tu incertidumbre y he aquí que acudo en tu ayuda. En lo que buenamente pueda, que no es mucho ni poco, tendrás de mí cuanto esté en mi mano; tú y en tu nombre los ciudadanos de las sufridas tierras de Espanto. Vuestro dolor lo llevo dentro como lo llevan los hombres y mujeres de todo el mundo. Estamos todos con vosotros, en las calles, diciendo basta, juntando nuestra voz a la vuestra, interponiendo nuestros corazones entre vosotros y las cargas de los antidisturbios, para que podáis plantar cara en pie a los golpes con que quieren acallaros. Sentidnos a vuestro lado.

Como bien dices, no podéis seguir esperando soluciones de quienes os traen los problemas. Y es necesario despertar: no os dan problemas porque hagan mal su trabajo. No son malos políticos: son sencillamente políticos, y su trabajo es daros problemas. No esperéis a que ellos os den la palabra, viven de adjudicarse ellos vuestra palabra. Quizá andáis algo desorientados: unos y otros hablan de democracia como de escaparate, hasta gastar el nombre. Pero llamemos a las cosas por su nombre. El sistema de gobierno que tenéis, que ellos defienden, por lo que cuentas, es lo que se llama plutocracia. Esto es, el sistema de gobierno en que el poder es detentado por los poderosos, por aquellos que tienen las riquezas. No es momento de andarnos por las ramas: sois los dueños legítimos de ese poder, ellos os lo han robado. Y al robo de poder se le llama “golpe de estado”, con que esa plutocracia no es ni más ni menos que una forma de dictadura. Espanto debe despertar.

Cómo hacerlo. Dices que ves todo negro. Pero permíteme decirte que si ves negro es porque al fin se derrumba el imperio de Lo Gris. Lo que os han hecho es un golpe de estado, lo que tenéis que hacer es una revolución. Me hablas de las millones de personas que se están manifestando por toda Espanto, me cuentas que los medios, controlados por el estado, no se atreven a hablar de ellas. Ésa es buena señal: tienen miedo. Adelante, estáis haciendo historia. Estáis en el camino, pero no os quedéis en él. No diluyáis vuestra fuerza en manifestaciones inútiles: tal vez les pese que hayáis tomado conciencia de las proporciones de su farsa, pero eso no será suficiente para que os devuelvan lo que es vuestro. Son parásitos, y no saben hacer otra cosa. No se irán por las buenas.

¿Qué hacer, entonces? Por lo pronto, no olvidéis, no perdonéis. Cada día, me dices, violan más derechos, pasan por encima de la ley y la justicia, exageran un poco más la humillación del trabajador. Registradlo todo: cada afrenta, cada delito, cada caso de corrupción. Antes o después haréis justicia. Yo no puedo decirte cómo tenéis que escribir vuestra historia. Pero puedo recordaros cómo se escribieron otras. Me hablas de distintos proyectos: de cierto “partido de internet”, de diferentes proyectos (“democracia líquida”, “eDemocracia”, etc.): programas informáticos o redes sociales que permitirían prescindir de la clase política, posibilitando el voto electrónico directo del ciudadano en el congreso, y de este modo, alcanzar al fin una democracia real y activa por parte de los ciudadanos.

Me cuentas que se ha presentado alguno de estos programas como proyecto de ley con la esperanza de que la clase política lo apruebe… evidentemente no lo harán. Por lo que me cuentas, ya no tienen argumentos ni formas que guardar. La estafa es evidente, pero eso no anula al estafador; únicamente lo hace visible. Se ampararán en cualquier eventualidad, o no se tomarán la molestia de dar explicaciones. Lo que es seguro es que no aprobarán su pérdida de poder: una vez más, son (y sólo saben ser) parásitos.

Seguro que has estudiado la revolución francesa. La analogía no es exacta pero sí útil, así que te lo pido, Fulanito, sé indulgente con lo impreciso y torpe de mi explicación. En 1789, el pueblo francés sentenció que en ellos residía la soberanía de la nación, y que por tanto, el absolutismo por el cual Francia venía rigiéndose, no era ya válido. Hasta entonces, en los “estados generales” (lo que vendría siendo, de alguna manera, el congreso), la voz del pueblo estaba en permanente minoría (con un voto) frente a los estamentos de la iglesia y la nobleza (un voto y otro voto respectivamente), con el resultado perpetuo de que la minoría poderosa y privilegiada obtenía su “mayoría” (absoluta, podríamos decir) frente al pueblo. Además, estos “estados generales” se convocaban por el rey, sólo excepcionalmente, y no tenían carácter vinculante, sino sólo de consulta: al final, todas las decisiones estaban en manos del monarca.

Lógicamente encontramos muchas diferencias entre la Francia del siglo XVIII y la Espanto del XXI. Lo preocupantemente es la cantidad de similitudes. En el Antiguo Régimen francés, la población privilegiada (aproximadamente el 20%) imponía sus intereses, frente a un tercer estamento minoritario y no privilegiado al que pertenecía el 80% de la población. En la Espanto actual, se ha llamado “mayoría absoluta” al poder que una minoría del 30% de la población ha impuesto con sus votos (y gracias a un juego amañado) frente a un 70% que se declara contrario al gobierno. En ambos casos, el reparto coincide: la minoría (20-30%) obtiene dos tercios del espectro político, mientras que el 70-80% de la población queda representada únicamente por un nebuloso tercio restante.

 A esta injusticia, como a la opresión e impunidad del poderoso, un día respondió el pueblo francés. Ellos, y no el rey, eran el estado. Así que declararon ilegal aquella forma de gobierno, se negaron a seguir participando de un sistema injusto. Abandonaron los estados generales para formar los suyos propios: la asamblea general, en la que todos eran bienvenidos (invitaron a unirse a los demás estamentos), pero en la que no se harían distinciones por estamento ni se concederían privilegios a unos sobre otros. Nacía la democracia.

Lo que Espanto pide es democracia real ya. El pueblo de Espanto hoy no tiene representación real, ni mucha ni poca, si no es en la calle. Por eso ha salido a la calle y ha dicho basta. Y por mucha violencia policial y terrorismo de estado que pongan por medio, Espanto dice basta a esa Edad Media en que está sumida y en que a unos les conviene mantenerla, Espanto ha dicho no al absolutismo y sus representantes. Me pides, Fulano, Fulanito, que te ofrezca una solución, una manera de seguir caminando hacia delante. Desde luego, no es fácil, pero aquí va mi propuesta: es la hora de declararlos ilegales.

El próximo 15 de Mayo, hará un año desde el inicio de vuestras protestas. Desde entonces, la tensión no ha hecho más que extenderse. Los indignados se levantan ya por todos los rincones del planeta. El próximo 15 de Mayo (dejo a vuestra elección los pormenores: si debiera organizarse una manifestación nacional, una huelga general…), el pueblo de Espanto, reunido en asamblea general, y haciendo uso de su soberanía, declararía ilegal el sistema de poder actual, proclamando una democracia real. Desde ese día, ésta se llevaría a cabo (con o sin el consentimiento de los poderosos) aprovechando las posibilidades de una democracia digital (me hablas de Anonymous como de una legión de guardianes al servicio del pueblo. Podrían desempeñar un buen papel al respecto), en complemento a la  imprescindible organización asamblearia de un poder que empieza en el ciudadano y termina en él.

Además, se instaría a los políticos responsables y sensatos, a abandonar el congreso y unirse, al fin, a la democracia. El pulso puede prolongarse un tiempo. Los primeros meses tal vez fuesen los de mayor desorientación, pero no hay que perder los ánimos. Conseguir coordinar un programa de participación ciudadana a nivel nacional, es ya un reto bien grande. En el peor de los casos, Espanto contaría con la herramienta que le permitiría conocer, defender y publicar su voluntad popular. De este modo podría hacerse frente a la manipulación constante de los medios. El descrédito definitivo de los sistemas liberales de representación llegaría en cuestión de tiempo. A partir de ese día, cada ciudadano tomaría las riendas de su actividad política de forma personal y voluntariamente. El poder es vuestro, es hora de que lo demostréis. Y Espanto, un día, podrá dejar de llamarse Espanto.